19892697_s“Ahora que no estás
el dolor deja paso a una antigua tristeza,
va cayendo la noche,
nadie llama a mi puerta,
y me duerme el silencio como una madre buena”

 Joaquín Sabina

No importa que haya durado diez años, ocho meses o veinte días, cuando se acaba duele. Duele la desilusión, duele enfrentarte a tus emociones, duele tener preguntas y ya no tener respuestas, da igual cómo acabase, cuando se acaba duele.

Empiezas a recordar cómo empezó todo, los primeros encuentros, los primeros besos, cuando te dijo por primera vez “te quiero”, cómo abrazabais los sueños… Y ahora que esos puntos suspensivos se convirtieron en un gran punto final, tienes que deshacer esos besos, esos sueños y esos “te quiero”.

Y quieres compartir tu dolor con él o ella pero ya no puedes, a ese dolor tienes que enfrentarte a solas, empezar tu propio duelo. Y es en este punto donde empezarán a darte miles de consejos: “un clavo saco otro clavo”, “tienes que intentar olvidar lo más rápido posible”, “mejor que estés continuamente ocupado”,…

¿Un clavo saca otro clavo? ¿En serio? Si realmente sentiste algo profundo por la persona con la que estabas, ¿crees que puedes volver a sentir eso con tanta facilidad? Y si no llegas a sentirlo ¿piensas que será capaz esa nueva persona de hacer que el dolor desaparezca? Ni de manera literal un clavo saca otro clavo, en realidad un clavo sólo arrastra más hacia el interior al otro clavo, imagínate cuando hablamos de algo intangible como el corazón, sólo estás dando pequeñas puntadas sobre la herida infectada.

¿Cómo se olvida lo más rápido posible? ¿Quién tiene el secreto? Porque aunque es verdad que la memoria es selectiva, a las personas importantes no se las olvida. Puede ser que al principio recuerdes con más intensidad las cosas negativas o te centres en el porqué de la ruptura, pero con el tiempo volverás a recordar la parte buena, por qué empezaste esa relación, los buenos momentos, lo positivo que la otra persona te aportó,  y si… eso duele.

Y ¿por qué es mejor estar continuamente ocupado? ¿Por qué así no piensas tanto en ello? ¿Para anestesiar los sentimientos? Tiene su parte de razón, mientras estás entretenido no sientes ese dolor, no te enfrentas a la tristeza, el enfado o lo que sea que sientas. Pero en el momento en el que te vuelves a quedar a solas contigo, ese dolor vuelve de golpe, siendo menos soportable.

Entonces, me dirás… ¿y tú qué piensas que debo hacer? Pues acepta, acepta lo que sientes, acepta tus emociones, acepta el dolor. No significa que te resignes a vivir así para siempre, sabes que pasará, que cada vez será un poco mejor, poco a poco, pero no te niegues a vivir este momento tal cual es, porque te niegas a conocerte, a descubrir los recursos que tienes.

Escúchate, observa lo que necesitas y cuídate, aprende a disfrutar de tu propia compañía. No vas a encontrar mejor consejero que a ti mismo. APRENDE, aprende todo lo que puedas, aprende sobre ti, sobre lo que quieres y lo que no quieres, sobre tus fortalezas, sobre tus necesidades y tus carencias, sobre lo que llevas dentro, lo que muestras y lo que ocultas, aprende tus límites, aprende a perdonarte, a perdonarle y a quererte.

Elena García Paz



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